Me enamoré

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Me enamoré de ti cualquier día que no recuerdo, ni tampoco importa, en un lugar muy lejos y hace suficiente tiempo. Me enamoré de ti por algún motivo, quizás concreto, o tal vez por miles de ellos; y por eso ni sé contarlos, ni puedo, ni quiero. Y si supiera, pudiera o quisiera, preferiría no tener que, porque no me enamoré de ti para no volver hacerlo; me enamoro de ti cada mañana desde que lo hice por primera vez, cuando aún no sabía que lo volvería a hacer.

Me enamoro de ti cuando voy a despertarte por la mañana, te echas a un lado y me abres la sábana.
Me enamoro de ti cuando quemas mi tostada y me la cambias por la tuya.
Me enamoro de ti cuando me dejas hacer dibujos en el espejo empañado.
Me enamoro de ti cuando sonríes entre el beso que te he dado y el que te voy a dar.
Me enamoro de ti cuando me acaricias el pelo, me lo enredas y luego me lo pones en su lugar.
Me enamoro de ti cuando echas menos sal cuando cocinas, aunque te apasione lo salado, porque sabes que mi paladar es delicado.
Me enamoro de ti cuando escuchas mi música favorita, esa que puede que odies.
Me enamoro de ti cuando me dejas elegir la película.
Me enamoro de ti cuando tratas de explicar algo, y dices ‘no sé’ más de cien veces mientras tanto.
Me enamoro de ti cuando antes de dormir te colocas los calcetines por encima del pijama y me miras esperando que suelte cualquier burrada.
Me enamoro de ti cuando me tapas con la sábana después de habérmela quitado mientras dormías.

Me enamoro de ti por tu risa, por tu forma de hablar, por cómo caminas. Me enamoro de ti cuando me abrazas, cuando lloras, cuando me miras. Me enamoro de ti en todas partes, a todas horas, haciendo cualquier cosa.
Me enamoro de ti porque llegaste para quedarte, no para irte a la primera de cambio. Me enamoro de ti cuando me agradeces el haberte cambiado la vida, y me enamoro porque lo haces sin saber que tú te has convertido en la mía.